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Constantemente buscas realizar todo aquello que sabes, de modo inconsciente, que te hará sentirte orgulloso. Pero también conviene, de modo consciente, buscar tu conducta y tus posibles experiencias que intuyes te harán sentirte orgulloso.

La palabra “orgullo” tiene dos acepciones. Mostrar orgullo podría entenderse como pretender mostrar superioridad ante personas en particular o en general; esta acepción no es de la que quiero hablar. Lo importante es el concepto de orgullo referido al sentimiento que diriges hacia ti mismo cuando estás satisfecho contigo, cuando compruebas que alcanzas unos logros que te habías marcado, cuando ves que tu conducta guarda correspondencia con tus valores éticos y morales. Honor y amor propio son dos sinónimos de ésta última acepción de orgullo. Conectar con tu orgullo es conectar con tu conciencia donde guardas tus valores éticos y morales, pero, también con la parte de tu interior donde se esconden tus necesidades de logro o tus auto exigencias a la hora de competir con los demás.

Aunque no te das cuenta, siempre necesitas que tu conducta se corresponda con tus ideas de justicia, ética y tus metas auto exigidas, esto último es independiente de cualquier observador que pudiese juzgar dicha conducta. En realidad el único observador de tu propia conducta es tu yo interior. Te guste o no, siempre está esa parte de tu interior que vigila tu comportamiento. A ese yo interior también se le denomina conciencia. Hay muchas expresiones en relación a la conciencia: “estar tranquilo con mi conciencia”, “lo que dicta mi conciencia”, “no puedo ir en contra de mi conciencia”,… Hay personas que no son conscientes que tienen una conciencia que les vigila, a pesar que sufren su efecto, se llegan a sentir orgullosos o culpables según cumplan o no con el dictamen de la propia conciencia. Otras personas sí son conscientes que poseen una conciencia que les vigila, pero no consiguen una buena relación con ella o, mejor dicho, no saben cómo intentar tener una buena comunicación con ella. Lo que quiero poner de relieve en este artículo es tu posibilidad de establecer esa comunicación con tu propia conciencia. Esa comunicación es fundamental para trabajar tu autoestima, tu posible estado depresivo y para conseguir verte libre de tener que depender de personas que no son aconsejables en tu desarrollo personal. Esa comunicación con tu conciencia no es algo fácil, pero se consigue con la práctica. Habituarte a hablar con tu conciencia no significa que te vayas a librar de todos los malestares psicológicos, sino que te permite reconocerlos y, por lo tanto, eso te ayuda a superarlos.

Buscar lo que te hace sentir orgulloso es comunicarte con tu conciencia. Cuando te sientes orgulloso de tu conducta, te sientes animado, con buena autoestima, no necesitas de la valoración o de la aprobación de los demás para sentirte bien contigo mismo. Claro está que siempre deseas el reconocimiento y la estima de las personas que aprecias, pero si te sientes orgulloso de ti mismo, exigirás de dichas personas una correspondencia por parte de ellas a tu estima para seguir apreciándolas. Cuando te sientes orgulloso de ti mismo, te es más fácil romper las relaciones con las personas en las que notas que no hay reciprocidad en la estima, el aprecio y el interés.

Buscar lo que te hace sentir orgulloso de ti mismo es aprender a establecer esa comunicación, es aprender a hablar contigo mismo, con ello reconoces con más facilidad lo que te infunde miedo, vergüenza y culpa; no te libras de estos miedos, pero consigues no sumirte en profundas depresiones, mantener tu buena autoestima y no dejarte manipular por personas que no te respetan.

Como ya he mwncionado antes, encontrar lo que te hace sentirte orgulloso es comprobar que te mantienes coherente con unos códigos éticos y morales y con tus sentimientos que profesas hacia las personas de tu entorno y, esta coherencia, es la parte del orgullo más importante, la que te ayuda a reconocerte a ti mismo, la que te aporta mayor satisfacción y autoestima. La parte menos importante o segundaria del orgullo es la que asocias con la satisfacción de haber alcanzado los objetivos o metas que te habías propuesto. La importancia que le das a dichos objetivos puede variar a lo largo de tu vida, sobre todo cuando son objetivos condicionados por el juicio de los demás. Lo que conforma el orgullo de una persona deben de ser valores que sean lo más independientes posible del juicio de los demás y, serán así, porque todo lo que valoras de ti y de los demás viene determinado por tu cultura y tu educación. El orgullo es la parte de tu conducta que te aporta satisfacción no porque otros la valoren, sino que es tu propio juicio quien valora el resultado de tu conducta sin esperar la opinión de los demás.

Desde el punto de vista de tu bienestar psicológico te diré que es importante reconocer tu orgullo en los términos que acabo de apuntar, comprobar que tu conducta se mantiene en esa constante coherencia en relación a una serie de valores que los reconoces como tuyos.

 

JOSE CANO

Soy psicólogo clínico, psicoterapeuta e hipnoterapeuta. Desde hace 27 años, trato los problemas psicológicos de los adultos. Mi orientación psicoterapeuta es ecléctica, aunque soy especialista en “Psicoterapia Dinámica Breve” (enfoque fundamental para entender y tratar los trastornos emocionales) y soy miembro de la “Sociedad Hipnológica Científica”.

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